viernes, 4 de enero de 2008

Capítulo II: Herederos del Desierto

"Y en el amanecer del cuarto día, se despidió de su rey y marchó
sobre desierto y piedra, sobre desoladas montañas y verdes praderas
sin detenerse ni de día ni de noche."
-"Las Mil y Una Noches"

Durante más de un milenio, las Arenas Ardientes han sido una tierra inconquistable por la humanidad. En tiempos ya olvidados, los gloriosos principados del Deliberativo Solar se extendían a lo largo de las dunas, formando el núcleo de la civilización en el Sur. A pesar de que aquellos tiempos se han ido, el legado que han dejado permanece aún en ésta caída Era.
Una vez el imperio más poderoso de la Creación, el Reino de los Vástagos del Dragón se ha visto devastado a causa de la constante guerra civil por el Trono Escarlata. Al mismo tiempo, el dominio de la Orden Inmaculada colapsa en las Tierras del Umbral mientras los héroes de la Primera Edad regresan de su largo exilio.
Para el renaciente Deliberativo Solar en la Federación del Sur, el momento de reclamar su legado como Príncipes de la Tierra ha llegado; éste Tiempo de Tumulto es una era de peligros abundantes y de oportunidades inigualables. Sólo aquellos que desafíen al Gran Desierto y triunfen podrán hacer frente la inminente guerra que se aproxima en el horizonte, propulsada por la terrible maquinaria de guerra de Paragon, antes que sea demasiado tarde y las naciones libres del Sur caigan bajo el puño resplandeciente del Perfecto.
En la Ciudad Divina de Yu-Shan, dentro del Más Perfecto Loto de los Diseños Celestiales, supervisando el infinito conjunto de hilos de Esencia que forman el futuro en el Telar del Destino, Saturno observa con ojos fríos mientras levanta su espada para cortar aquellos que no sobrevivirán al próximo día.
Una nueva Era se acerca.

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